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viernes, 23 de enero de 2015

Sucre la gran capital de Boliva

Dedicated to Normunds, Inese y Zane de craciest latvians that I´ve ever met

Por fin después de toda la noche en un bus más que mediocre el día 3 de diciembre llegamos a Sucre, la capital de Bolivia. Y sin lugar a dudas podemos decir que fue la ciudad de Bolivia que más nos gustó.


Llegamos a Sucre por la mañana y una vez cogimos las mochilas salimos de la terminal de autobuses y tomamos un micro que nos llevara al centro para buscar el hostal kultur Berlín porque nos lo habían recomendado. Cuando llegamos allí el lugar nos encantó, el hostal estaba genial, toda una casa colonial con 3 patios, muy limpio, un excelente ambiente y cama en un dormitorio con desayuno incluido por 55$b.

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Dejamos nuestras mochilas en el hostal, nos pegamos una ducha y salimos a investigar la ciudad. Enseguida nos dimos cuenta de que Sucre era una ciudad diferente a las del resto de Bolivia


Fuera por ser la capital o por su historia colonial, la verdad es que la ciudad brillaba por todos sus rincones. La primera opción la plaza central de 25 de septiembre y los monumentos y edificios que la rodeaban. Un paseíto rápido por el centro porque no queríamos que se nos pasara la hora para ir al mercado central a almorzar.






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Como en el resto de Bolivia, el mercado central no defraudó. Un lugar lleno gente, color y vida donde puedes encontrar todo tipo de gente en su rutina diaria. En este caso nosotros nos encontramos con un nativo boliviano recitando un libro en quechua en voz alta. La escena me intrigó y quise saber más sobre el libro y lo que el anciano decía así que me acerque a preguntarle. 

La idea aunque en un principio fue buena, no sirvió de mucho porque el caballero solo hablaba quechua y aunque me señalaba el libro, me miraba y me hablaba, cuando se dirigía a mí no podía entender nada de lo que decía.




Pero el mercado central de Sucre no sólo hay que visitarlo por su colorido y su gente sino que además es el mejor lugar donde comer bueno, en cantidad y muy barato. Así que nos dirigimos al segundo piso donde se encuentran los comedores y escogimos uno. La verdad es que da igual cual elegir porque todos son más o menos iguales así que la mejor idea es darse una vuelta y escoger aquel que tenga sitio en sus bancos y el cuál sirvan el plato que uno está buscando. 


En nuestro caso lo teníamos claro íbamos buscando el famoso chorizo de Sucre. Un plato delicioso y muy barato, un plato con el típico chorizo de Sucre más ensalada, papas cocidas y una jarra de jugo de tamarindo, todo delicioso por 17$b. 



Después del festín volvimos a recorrer la ciudad para bajar la comida. Nos acercamos a la casa de la libertad que, aunque su museo es un poco escaso, nos enteramos que esa misma noche hacían un concierto fusión de música indígena y música clásica. Luego pasamos por la catedral y nos acercamos a la iglesia de Neri donde si te acercas al colegio contiguo y pagas una entrada de 15 $b. puedes entrar a ver el patio y subir al mirador.








 La verdad es que merece la pena, además hay un teléfono que te deja hablar directamente con Dios. Y luego una siesta que nos la habíamos ganado.


Cuando despertamos de la siesta volvimos a la casa de la libertad para escuchar el concierto. La verdad es que no era la orquesta filarmónica de Nueva York pero la verdad es que la fusión de ambas tradiciones musicales a mí me gustó mucho. Además la banda que tocaba la música tradicional boliviana iban vestidos con trajes regionales y en uno de los temas marcharon hacia el público bailando al son de su música fue una experiencia muy bonita.

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Una vez terminado el concierto fuimos a cenar a uno de los mejores lugares de Sucre, el CaféCapital en la calle Aniceto Arce antes de llegar al mercado central. El lugar es una tasca pequeña de dos pisos donde sirven deliciosos sándwiches y mejores batidos. La estrella del menú es el submarino. Un sándwich de proporciones épicas que, cuando llego a nuestra mesa pensamos que jamás podríamos con él. Pero no habían pasado ni 15 minutos y ya nos estábamos chupando los dedos. Y es que cualquier sándwich que se prepare en este café es un bocado exquisito. ¡Y el jugo de maracuyá con leches es simplemente excepcional!. 


Al día siguiente nos despertamos y bajamos a desayunar en el bufé del hostal que la verdad es que no está nada mal tiene de todo. Allí coincidimos con un colega suizo que conocimos en Santa Cruz y decidimos pasar la mañana juntos e ir al museo colonial (20$b.) pensando que sería mejor que la casa de la libertad del día anterior…error la verdad es que el museo estaba la mitad cerrado por obras y la parte que quedaba abierta sólo tenía un montón de cráneos con agujeros, alguna que otra momia y cuadros más modernos de pintores bolivianos. Pocas explicaciones y poca inspiración la verdad.



Así que después de nuestros minutos culturales volvimos a recorrer las calles de la ciudad y para acabar comiendo otro chorizo en el mercado central y darnos un capricho después en uno de los cafés de la plaza. Lo creáis o no el café costó tres veces más que la comida.








Ya en la tarde decidimos callejear hasta llegar al mirador la recoleta una plaza en lo alto de la montaña donde, como su propio nombre indica, puedes ver toda la ciudad. Una vez allí nos fuimos al café del mismo nombre que hay junto a la plaza para tomarnos algo y disfrutar de las vistas y allí sentados tranquilamente nos encontramos a nuestros amigos lituanos Normunds, Inese y Zane. Nos quedamos charlando tranquilamente hasta la puesta de sol y luego quedamos para vernos en nuestro hostal porque había una fiesta con bailes regionales y ellos se querían pasar.





Nosotros antes de la fiesta queríamos recargar las pilas así que volvimos a nuestro querido CaféCapital para cenar y luego nos presentamos en la fiesta. Allí encontramos a nuestros amigos lituanos con una copa así que nos sentamos en la misma mesa y esperamos a que empezara el show. 

Sobre las nueve de la noche aparecieron los bailarines y nos sorprendieron a todos con unos números realmente entretenidos. Yo tenía la idea de que iba ser una de esas noches de folclore aburrido y la verdad es que me equivoqué por completo. Los chavales lo hacían realmente bien. Bailaron cuatro piezas y a cada cual se hacía más entretenida. Fue un principio de fiesta perfecto. A partir de ahí empezamos nosotros a tomar las riendas. Primero tomamos un par de mojitos en la hora feliz y acto seguido nuestros amigos lituanos propusieron bailar al son de la música de los ochenta que el DJ estaba pinchando. 


El calor de momento y las copas nos empujaron así que en menos que canta un gallo estábamos los cinco en la pista dándolo todo para deleite de todo el hostal que nos miraba como si estuviéramos locos. Y no era para menos porque nuestros amigos tenían una energía inusitada bailando, parecía que hubieran entrado en trance. Fue algo genial.

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Por fin a las dos de la mañana subimos a la habitación y dejamos a Normunds, Inese y Zane que siguieran con la fiesta porque nosotros teníamos que levantarnos al día siguiente temprano para ir a Potosi.

Pero eso, como siempre, será parte del siguiente post.

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